Es un experimento narrativo de lo más curioso. Se trata de un comic a tres manos entre Bastian Vivés, Balak y Michel Sanlaville, que combina la aventura y la acción en un entorno de ciencia ficción fantástica y claras influencias manga.
En el primer tomo la acción transcurre en El valle de los reyes, donde, como cada año, hay un torneo de artes marciales que no desentonaría nada en Bola de Drac.
Uno de los participantes, Adrian Velba, un joven muy prometedor, se queda sin compañero, pero un extranjero desconocido, Richard Aldana se ofrece a participar con él. Adrian domina diferentes aspectos de la magia elemental, lo que lo hace potencialmente muy poderoso, si no fuera un niño y tuviera más experiencia. Aldana aparentemente no tiene poderes, pero tiene una fuerza y habilidades increíbles.
Pues sorprendentemente bien. Es como leer una puesta al día de Bola de Drac al estilo francés. Además, la trama no es para nada básica y en el volumen 10, que es el que acabo de leer, todo se complica aún más. Para rematar, es una obra con muchísimo humor y referencias de lo más curiosas y diversas.
El narrador de la historia es Saúl, el entrenador de un grupo de luchadores, que recibe como encargo hacerse cargo del entrenamiento del hijo de su mejor amigo. Un joven prometedor al que no logra entender en ningún momento. La historia nos mostrará el avance del grupo de luchadores en el torneo de la Federación, mientras Jero intenta averiguar la verdad sobre la muerte de su padre.
El final del duelo hace referencia, creo yo, tanto al fin de la lucha, como al fin del duelo por su padre.
¿Y por qué relaciono ambas obras? Porque Hugo Camacho, el editor de Orciny, me la recomendó en su día diciéndome que se trataba de una obra que combinaba Bola de drac con Cinco horas con Mario. Y es verdad.
Por un lado, tenemos los diferentes duelos de los luchadores, que me remiten directamente a los combates de Last Man, y en los que se combina la lucha física con los poderes elementales, con gran dinamismo. Son combates que se disfrutan.
Por otro lado, la historia que estamos leyendo es una carta, interminable, que Saúl escribe a la viuda de su amigo, contándole sus expectativas hacia ella, hacia el mundo y hacia Jero, y lo hace con un estilo narrativo muy particular que solo puedo definir como "Narrador idiota". Saúl va desvelando mucha información ante los lectores, pero no es capaz de procesarla. A veces, como lector, atas cabos, y luego ves la conclusión que toma Saúl ante esos mismos datos y solo puedes gritarle al libro que Saúl es imbécil. Es un juego narrativo que me encanta.
Es una novela corta muy disfrutable, de la que no me importaría ver una continuación ambientada en el mismo mundo o incluso un juego de rol.
Es una novela corta muy disfrutable, de la que no me importaría ver una continuación ambientada en el mismo mundo o incluso un juego de rol.
Alejandro Marcos Ortega es un narrador que adoro y no puedo más que recomendaros ambas obras.
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